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Archive for 22 mayo 2012

Hola amigos. Os dejo aquí un relato corto escrito por Tatiana Ruiz, que impartió el taller sobre literatura de terror hace unos días.

Esperamos que os guste.

 

Tricksters

–       Sé que eso puede parecer extraño, pero te lo juro por todos los dioses que es verdad, mi señor.

Diversas voces se erguieron, algunas en protesto y otras en sorpresa. La joven se sentía diminuta ante toda aquella multitud. El rey erguió la mano derecha, consiguiendo con ese gesto el silencio que tanto quería.

–       Déjame ver si la entiendo bien joven Kalis. ¿Has dicho que tuvo contacto con criaturas en el bosque meses atrás? ¿Y que no eran animales? – el monarca intentaba contener la risa mientras acordaba todas las palabras oídas en las últimas horas

–       Exactamente Vuestra Alteza, todo fue como le describí. – la voz salió más flaca de lo que le gustaría.

Los comentarios recomenzaron, muchos se reían abiertamente de la pobre loca. ¿Quien, con conciencia sana, creía en seres fantásticos en pleno siglo XXI? Sus padres ya pensaban en millares de caminos alternativos y excusas para explicar todas las tonterías que la hija decía.

–       Perdona mi Señor, pero después que perdemos nuestro Fazza, Kalis no se recuperó. El médico dijo que ella crearía mecanismos de defensa para huir de todo el dolor y culpa causados por la muerte del hermano.

El bullicio solamente hizo aumentar y Kalis murmuró algo que nadie oyó, visiblemente disgustada con la actitud del padre. Ni su propia familia creía en ella.

–       ¡Basta! Este consejo termina aquí y mi palabra es Ley. Siendo así, ordeno que los parientes de esa muchachita vigilen mejor sus actos y cuiden para que interrupciones como la de hoy no se repitan más, o podré no ser tan generoso en una próxima vez.

–       Con mesuras y reverencias los padres sacaron a la chica del centro del salón.

–       ¿Qué es que te pasa? ¿Has perdido el juicio o la voluntad de vivir? Invadir así un consejo de la ciudad; ¡hablar de aquella manera con el Rey y sus ministros! – el rostro de Bankoff estaba inflamado de rabia y rojo como sangre fresca.

La frágil niña hizo ademán de decir algo, pero fue impedida por su padre que ya no quería más explicaciones. Hacía tiempo que ella decía cosas sobre tales criaturas, que serían sus semejantes y que estarían siempre en rincones ocultos  en medio a los arboles. Tantas búsquedas él había hecho secretamente, pues prefería siempre creer en la hija, pero no había encontrado nada. Su esposa decía que el doctor podría meterle en vereda: tratamientos, charlas y, si era necesario, internamiento. No quería, pero empezaba a creer que tal vez fuera lo mejor. Precisaba hacer algo por Kalis, temía por su salud mental.

Por todo el camino hasta su casa la familia quedó en silencio, pero no la ciudad. Risas, gritos y objetos llovían en su dirección, sin con todo acertar el blanco. Al llegar a casa, como si tuviera leído la mente del grande patriarca, Kalis se fue a su habitación, cerrarse en él. ¿Cómo es que podían no confiar en ella? Sabía qué tenía visto, ¡no estaba perdiendo la cabeza! Los seres que habían hecho aquello con su hermano. Ellos eran los locos, culpables por el triste fin de Fazza, no ella. Pero no importaba, todos pensaban lo opuesto. Exhausta, inclinó la cabeza en el macío travesero y se durmió, dejando su subconsciente vagar por las tardes en las que observó a ellos, hasta terminar en aquella donde todo de peor ocurrió.

 

Casi todos los días Kalis se internaba en el matorral para verlos. Eran muy parecidos a ella: piel clara, ojos oscuros, cabellos coloridos y adornos por el cuerpo. Adoraba quedar largas horas observando aquellos seres tan extraños – que usaban ropas extravagantes – comiendo, bebiendo, jugando y charlando. Ora riendo, ora llorando.

Aquellas que parecían ser las hembras, siempre de charlas a las escondidas, buscaban seducir aquellos que debían ser los machos. Era tan peculiar esa búsqueda por el apareamiento que la joven quedaba fascinada. Pero en aquél día las cosas fueron bien diferentes.

Así que salió de casa su hermanito la siguió, indo encontrarla en el medio de la arboleda.

–       Fazza, ¿qué haces aquí? – decía en tono bajo, pero trasparentando toda su rabia.

–       Quería saber adónde va todos los días. Papá y mamá pueden creer que te quedas en casa de amigas, ¡pero yo sabía que no!

Ella se encolerizó. Lo que no esperaba era tener al hermano menor agarrado a sus piernas.  Si en aquella época supiera qué iba ocurrir jamás tendría se enojado, justo el opuesto, habría salido corriendo para nunca volver a ver aquellos malditos asesinos.

–       ¿Entonces esas son las cosas que tanto pones en su diario?

–       ¿Qué? ¿Tú has leído mi diario, su demonito?

El chico rió del nervioso de la hermana. Solamente oyera sobre su existencia en leyendas y libros de la escuela. Sacando las alas, nada más parecía ser diferente de las personas de su ciudad. Los seres podrían camuflarse muy bien en medio a ellos y tal vez jamás ser descubiertos.

–       Kalis, mira aquella, la de pelo rosa. ¡Caramba! Cómo son graciosos… ¿Y el de pelo verde?… – reía a punto de curvar el cuerpo.

–       ¡Cállate Fazza! Ellos nos van pillar aquí, ¡y la culpa va a ser tuya! Ay, qué aburrido eres.

En medio a la discusión, ellos no han visto que dos criaturas ya no estaban más allí. Todo lo que siguió parecía estar en cámara lenta, al contrario de cuando todo ocurrió de verdad. En aquél día todo corrió como un búfalo suelto en un camino…

Los dos machos aparecieron del medio de los arbustos. Cogió Fazza de la mano y empezaron a huir, intentando de todas las maneras despistar sus perseguidores, en cuanto ellos se reían alto llamando a los hermanos de aberraciones, tirándoles piedras… Kalis iba más adelante, y largo del hermano para librarse de algunos gajos. Rápidamente alcanzó un escondrijo y al girarse para ver si estaban seguros todavía tuvo tiempo de ver el niño caer, víctima de una pedrada en la cabeza. Antes que pudiera acudir a su pequeño problema, como siempre lo llamaba, los monstruos lo alcanzaron.

–       Cálmate amiguito, solo queremos jugar. – decían en medio a carcajadas mientras se aproximaban al niño, que lloraba pidiendo por la madre y la hermana.

Lo que siguió ante sus ojos fue una sucesión de atrocidades. Su hermano fue agarrado, zurrado, las ropas arrancadas y entonces, cuando no más poseía fuerzas para gritar, abandonado medio muerto en el bosque.

Descerró los ojos en el susto. Estaba en casa, en la cama, como siempre… Más de un año se pasara y aquellas imágenes todavía le torturaban los sueños. ¿Qué serían ellos? Por que destruir así, por pura crueldad, la vida de un chico de tan solo ocho primaveras, tan dulce y con tanto por adelante. En aquella época no tenía idea del tamaño de su amor por él. Solamente  sabemos la importancia de las cosas en el momento que las perdemos. De repente algo estalló en su cabeza. Había alguien que podría ayudarla, una persona que pasó por la misma situación. Rápidamente reunió tejidos para una cuerda, saliendo de su habitación sin ser vista. La única manera de salvarse ahora era alcanzar la cabaña de Helayel, y tenía consciencia de que el recorrido no iba ser fácil. Caminó por horas, alejándose  más y más de la ciudad, hasta que al caer de la noche encontró qué buscaba.

–       ¿Maestro Helayel?

–       Lárgate niña.

–       ¡Necesito ayuda! Sé qué has visto, y te creo, también los he visto. Me arrebataron a mi Hermano, pero nadie me cree. Por favor…

Una rendija se abrió en la puerta y ella pudo ver un enmarañado de pelos blancos surgir juntamente con un ojo de coloración azul lechoso.

–       Estaba en el bosque con Fazza y ellos estaban al otro lado de los arbustos. No me lo imaginé nada, ni he perdido el juicio, ¡te lo juro! – las palabras la atropellaban y le robaban el aliento.

–       Shh niña – la puerta se abrió más – entre y tome un té. Sé quién es y qué busca. No necesita tener miedo pequeña, has venido al lugar adecuado.

La chica entró, todavía incierta, pero en su corazón sabía que él era el único a creer en ella. El anciano, años antes, se alejó por el mismo motivo que ahora hacía con que todos la consideraran loca. El hombre había tenido contacto con ellos también, y conocía mejor que nadie los medios para vengarse.

 

Después de oír el relato de Kalis, el viejo ponderaba la mejor manera de proceder, tenía tanto odio hacia ellos como ella. Muchos años antes, lo dejaron ciego de un ojo y eternamente cojo de la pierna izquierda. Por suerte no tuvo el destino de Fazza. Durante veinte años se dedicó a estudiar tales seres y a todo que les podría afectar. Tras algunas horas de conversación ambos estaban decididos: La niña iba entrenar secretamente y lavaría el honor de su familia y la del maestro – que ya no tenía fuerza ni edad para batallas.

El día amanecía cuando se despidieron, y Kalis le hizo entonces la pregunta que tanto martilleaba su mente.

–       ¿Quiénes son, maestro? ¿Por qué hacen eso?

*************

La puerta se abrió y los primeros rayos de la mañana ya alcanzaban en lleno sus ojos. En ese momento, por primera vez en la vida, Kalis bendecía el hecho de que los padres durmieran hasta muy tarde.

Su entrenamiento tuvo inicio en la noche siguiente, y lunas después ella finalmente estaba lista. Ahora los dos tenían una sola certeza: La joven era una predadora, y aquellos desgraciados tenían motivo de sobra para temblar.

 

La tarde estaba tibia cuando ella llegó al lugar indicado. Aguardaría cuanto fuera necesario, que por suerte para ella fueron pocos minutos. Al verlos, su corazón se llenó de odio. Eran los mismos que tenían matado a su hermanito. Reían y bailaban como si nada les perturbase la consciencia. ¡Hipócritas! Saliendo del medio de los arbustos, pudo ver el miedo estampado en sus caras. No sabía decir si el motivo más grande eran sus armas, que traía en puño, o el brillante par de alas en sus espaldas. Única cosa que los diferenciaba. En ese momento se acordó de la respuesta de su maestro:

 

–       “Son llamados de seres humanos, chica. Ellos hacen aquello que su instinto les manda: Temen lo diferente y destruyen todo lo que temen… ¡A menos que sean destruidos primero!”

Una sonrisa sádica surgió en sus labios mientras, en medio a gritos de desesperación, dijo:

–        ¿Entonces? ¿Quién quiere jugar?

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¡Hola a todos!

Os escribimos para invitaros a celebrar nuestra próxima actividad del Círculo Literario Mundi Book. En esta ocasión, se trata de un taller que os ayudará a compartir con los demás vuestros relatos y también los de otros autores.

El taller tendrá lugar el 27 de mayo, a las 19h, en el Espacio Niram, en la Calle Independencia 2, Metro Ópera. La actividad es GRATUITA, pero las plazas son limitadas. Para apuntarse, basta con enviar un email a cova.gonzalezpola@mundibook.com

El taller constará de dos partes:

  1. Cómo hacer una lectura dramatizada de un relato: la actriz Bárbara Banu nos explicará cómo leer e interpretar un texto para su lectura en público.
  2. ) Taller de cuentacuentos: Verónica Pensosi, del grupo de Nuevos Narradores nos explicará cómo trabajan los cuentacuentos, los pasos que siguen desde la selección de un relato que les llama especialmente la atención hasta que lo narran siguiendo la forma tradicional oral de los cuentacuentos.

Esperamos que estas actividades os interesen y que os veamos allí a todos.

Un saludo y muchas gracias.

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