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Archive for 16 junio 2012

¡Hola a todos!

Os escribimos para anunciaros nuestra próxima actividad en el Círculo Literario Mundi Book. “Un Blog de Éxito”, donde aprenderemos recursos y técnicas para escribir un blog de éxito. Pautas, con ejemplos, que han llevado a ciertos blogs a contar con un buen número de lectores (cómo lo han conseguido, cuáles han sido sus “claves”), así como recursos literarios enfocados al formato blog.

El taller corre a cargo de Daniel Díaz, columnista y blogger del periódico 20minutos, escritor de relatos y colaborador del Instituto Cervantes.

Cuándo y dónde: El 24 de junio a las 19h en el Espacio Niram (Calle
Independencia 2, junto al metro Ópera).

La actividad es GRATUITA, pero hay que inscribirse para participar, enviando un
email a cova.gonzalezpola(arroba)mundibook.com  indicando nombre y correo electrónico. También puedes enviarnos, si lo deseas, la dirección de tu blog, a fin de analizarlo y tener en cuenta vuestros propósitos y estilos a la hora de trabajar el taller.

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Os esperamos a todos, muchas gracias.

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Miguel Ángel Arcaz

Antes de nada quisiera presentarme, sólo para aquellos que aún no me conozcan. Mi
nombre es Marcel Dupont, y ahora miradme bien. Fijaos en la oscura sombra bajo mis ojos que
denota el cansancio acumulado por dos meses sin poder visitar el reino de Morfeo.
Lo sé, muchos diréis que existen pastillas que te cierran los ojos de un plumazo, o me
recomendaréis otros remedios caseros de igual eficacia, y os agradezco humildemente vuestra
preocupación, pero debéis saber que mi insomnio es puramente voluntario.
Lo veo en vuestras caras. Os estáis preguntando por qué me niego a conciliar el sueño,
si se trata de alguna estúpida apuesta o es que simplemente soy un loco. Sí, podéis llamarme
loco si queréis, no seréis los primeros, y puede que tras relataros mi gran problema no dudéis
un solo segundo en llamar al hospital para enfermos mentales más cercano. Os comprendo
perfectamente, es lo que pensaría si ahora mismo estuviese en vuestro lugar.
Todo empezó una oscura noche, en la soledad de mi propio hogar. En aquel preciso
instante noté como algo se retorcía dentro de mí, provocando un dolor de tal intensidad que
aún me sorprende que no me haya matado. No podía moverme, quedando atrapado en mi
propia cama. Como he comentado, estaba solo en casa por lo que nadie podía ayudarme, y
para más inri tampoco pude alcanzar el teléfono móvil que descansa siempre junto al
despertador, las gafas y la lámpara de mesa.
No quedó otro remedio que sufrir en silencio e intentar dormir. Y ese fue mi mayor
error, pues mi mente fue invadida por una horda de pesadillas acerca de demonios que
arrancaban pedazos de mi cuerpo, como si de piezas de puzle se tratarán, y los tiraban hacia
un pozo sin fin mientras yo podía sentir la gravedad de mis miembros al caer. Y justo antes de
despertar con la frente sudada y el corazón fuera de mi pecho, apareció una última imagen. Un
huevo, sólo un miserable huevo grisáceo que permanecía latente entre una maraña de carne y
huesos.
Sorprendentemente, al despertar dejé de sentir dolor, pero de todos modos decidí
acudir a mi centro de salud donde no encontraron nada fuera de lo común. Pobres ilusos,
cuánto nos equivocamos, pues el dolor y las pesadillas recomenzaron cada noche desde
entonces. Con distinto principio pero mismo final.
Al cabo de poco tiempo decidí volver a ver a mi médico, y tras mucho insistir me
mandó hacer ecografía y análisis de sangre. Las pruebas no indicaron nada anormal, pero en
cambio sí fue posible detectar que dentro de mi riñón derecho había nacido una piedra de
tamaño considerable. Supe entonces la verdad cuando descubrí que la forma de mi piedra era
claramente la de un enorme huevo.
Tampoco ellos me creyeron cuando les dije que ahora comprendía que mis pesadillas
provenían de la extraña forma, y que ésta contenía una presencia realmente diabólica. Sí,
pensaron igual que vosotros que me había vuelto loco ¡Qué equivocados estáis!
Siendo consciente de que dentro de mí descansaba un ser vivo que solamente parecía
conocer el mal, decidí aprender técnicas de relajación para poder calmar la ira de mi pequeño
huésped. Sin embargo, ni Yoga ni Tai Chi ni otras artes pudieron detener las pesadillas. Lo
intenté de veras, incluso un psiquiatra amigo mío me enseñó técnicas de auto hipnosis de cara
a poder modificar mis propios sueños, pero todo era inútil e incluso un inocente conejito se
convertía en la bestia asesina de los Monty Python.
Llegó un momento en el que la desesperación me pudo. Me encerré en el baño y abrí
el botiquín. Aguja, hilo, esparadrapo, gasas y agua oxigenada junto a un cuchillo que había
conseguido en la cocina hicieron el resto mientras me aferraba a morder un trozo de tela para
no gritar por el dolor que estaba a punto de sufrir. Por suerte para mí, soy un fantástico
cirujano.
Tiempo después, el huevo de piedra se estrelló contra el suelo pero no se desintegró.
Decidí entonces coger un martillo de mi caja de herramientas y con él golpeé una y otra vez al
engendro de mis entrañas, y cada golpe asestado acrecentaba mi ira, pues la criatura no
mostraba un miserable rasguño.
Visto que el ser oviforme se negaba a desaparecer de mi vida, opté por tirarlo a la
basura. Por la mañana, ya estaría en el incinerador del vertedero y no volvería a ser problema
para nadie. Respiré, aliviado, y aquella noche dormí plácidamente. Se había acabado, ya no
habría más pesadillas, no más demonios ni más rocas en mi interior.
Podía volver a la normalidad pero, una vez más, me equivoqué. Por supuesto que la
criatura no había acabado conmigo, de otro modo no estaría narrando esta historia, pues una
noche volví a soñar que el huevo se desquebrajaba, otra vez que un pequeño jabalí de piedra
con alas de murciélago emitía un débil gruñido.
En cada una de sus apariciones, la criatura se hacía más grande, más monstruosa, y yo
cada vez estaba más asustado. Estaba convencido de que tarde o temprano, el jabalí alado
vendría a por mí, siempre me encuentra en mis sueños, y eso es algo que debo evitar a toda
costa. Es por eso, comprended, por lo que decidí no volver a dormir.
Se acabaron las pesadillas durante dos meses. Esos dos meses de tregua no declarada
entre la bestia y yo. Pero esta mañana ha ocurrido un incidente que me recuerda el hecho de
que no se ha ido, y que cumplirá tarde o temprano su objetivo.
Desde que salí de casa, una sensación de agobio me perseguía. No sabía muy bien qué
era. Notaba una presencia diabólica a mi alrededor, pero por mucho que lo intentaba, no
lograba identificar el origen. La sensación continuó unas calles más allá, hasta que lo vi en la
fachada de uno de los edificios. Normalmente guardando la vieja biblioteca, hay tres gárgolas,
pero esta vez había una más. Una más grande y amenazante, una que no debería estar ahí.
Comencé a correr sin rumbo fijo mientras la gárgola volaba sobre mi cabeza. Corrí
hasta que me traicionó el aliento. Hasta que he llegado aquí. Ahora está ahí fuera, no tengo
escapatoria. En cuanto salga, me atrapará.
¡No! No es posible. Ya viene, está aquí. Puedo verle, sus ojos inyectados en sangre, es
él. Tengo sueño. Buenas noches.

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¿Cuánto tiempo puede llegar a pasar hasta poder luchar contra algo que temes?No sabría decirlo…Aquella noche de un domingo cualquiera, decidí simplemente, no hacer nada.

 

Encendí el televisor, escogí  “IT” un gran clásico de mi videoteca, prendí un cigarrillo y me serví un estupendo Jack Daniel’s mientras empezaba la película.La semana había sido muy larga y apenas había dormido la noche anterior, así que no sé exactamente en qué momento acabé cayendo en un profundo sueño.

 

De repente desperté de un sobresalto. Mi corazón latía a mil por hora mientras una sensación de desasosiego invadía cada rincón de mi cuerpo.Un escalofrío recorrió de abajo hacia arriba mi espina dorsal. ¿Conocéis esa sensación en la nuca? El bello, cada pelo erizándose mientras los nervios van in crescendo, la desesperación en aumento. Sabes que algo no va bien, sabes que alguien o algo te está observando, acechando.

 

Vuelves la mirada hacia cualquier rincón, cualquier sombra y sin embargo no ves a nadie, sabes que no hay nadie. Es entonces cuando algo anda mal, jodidamente mal…Sentía como una mirada, salvaje, animal, estaba clavada sobremí. Fue entonces cuando pude verlo.

 

Una figura recortada contra las luces de la ciudad, se encontraba tras la ventana… No puede ser¡Vivo en un sexto piso por amor de Dios! Estoy aún dormido, si claro, eso es, mi subconsciente me está jugando una mala pasada y aún no he despertado…Un dolor agudo me traspasó la pierna, acto reflejo la sacudí rápidamente buscando la fuente de tan agudo dolor. Era el cigarro que encendí cuando empezó la película.Es imposible, la pantalla estaba en negro y tenía la sensación que había dormido mínimo un par de horas. Sin embargo el cigarro estaba allí, a medio consumir.

 

Dirigí la mirada hacia la ventana y fue cuando una poderosa fuerza invisible y a la vez tan tangible se apoderó de mí, no podía apartar la mirada de aquella sombra, no es que no quisiera, simplemente no podía. Todas las alarmas se dispararon en mi interior, mi subconsciente gritaba en mi cabeza que saliera corriendo de allí, que huyera lo más lejos posible, sin embargo mis articulaciones no respondían. Era como si mi cuerpo no me perteneciera, mientras mis sentidos, mi mente, se encontraba a merced de lo que sucediera en aquella habitación.

 

Un susurro llegó a mis oídos. Al principio no conseguí descifrar el sonido, hasta que de repente pude distinguirlo. Era mi nombre. Aquella “cosa” me estaba llamando, lentamente, continuamente. Aquella voz  surgía de la sombra tras la ventana, dos segundos mas tarde inundó la habitación.Mi corazón iba a estallar de un momento a otro, mi cabeza se llenaba de cientos de pensamientos: Que es lo que podía pasar a continuación, porqué no hice aquello o porqué dije lo otro, que me estaba pasando, por qué a mi, que era eso, es el fin ¿Aquí se acabó todo?

 

La sombra atravesó la ventana. Fue como si en una habitación oscura, alguien lanzara una ráfaga de flashes con una cámara, a otra persona que se encontrase corriendo. Fue cuando se situó delante de mi rostro.

 

No se cuanto tiempo pudo ser, probablemente segundos, pero fueron los suficientes para ver con total claridad a aquel ser que me acechaba… Parecía humano dentro de lo posible, y con esto quiero decir que si alguien así existiera en nuestro mundo, probablemente estaría muerto. Algo me decía que era una mujer, aunque imposible saber a ciencia cierta, ya que su musculatura apenas podría sostener sus huesos. Sus ojos… Maldita sea… Sus ojos salían de sus órbitas, era como si la locura, la desesperación, formaran parte de su esencia en su máximo apogeo. La calavera debajo de su piel era perfectamente visible, apenas tenía labios y sin duda sus mejillas eran una depresión en la que la piel seca, tirante, parecía que iba a rasgarse en cualquier momento. Algunos jirones largos de cabello de un color ceniza colgaban de su cráneo.

 

Lo peor fue cuando sonrió. Sus dientes, putrefactos los que apenas le quedaban asomaron, su lengua, negra, acartonada, relamieron las finas tiras labiales junto con un sonido rasposo, para mas tarde dejar su boca entreabierta en imitación a una sonrisa, mientras miraba anhelante directamente a mis ojos.

 

Entonces, alzó su mano de dedos largos esqueléticos hacia mí lentamente. Fue cuando me rendí. Una sensación de completa derrota invadió todo mi ser. Ya está. Se acabó.

 

Posiblemente fue algún aviso del trabajo por mi ausencia a la policía, o incluso tal vez tras cuatro días, el olor nauseabundo que despedía mi apartamento quien alertó a los vecinos.

 

La policía tiró abajo la puerta, tras un par de vómitos consiguieron llamar a una ambulancia para retirar mi cadáver. Una vez en la sala de autopsias el diagnostico fue claro. Infarto de miocardio dijeron. Un tío con suerte, al menos fue mientras dormía pensó el forense…

 

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Carmen Flores lee su relato "Nada".

Empecé a notar el olor en Mayo, en esos días en que la primavera se pone graciosa y sube el termómetro hasta los 30ºC, pero no le dí mucha importancia. Tampoco mis compañeras parecían notarlo y bueno, no sé, igual soy un poco paranoica con el tema de los malos olores, tengo que reconocerlo.

De todas formas tampoco es tan extraño que un aseo viejo huela mal, ¿No?. El edificio tenía sus años, en una de las zonas más antiguas de la ciudad, y por mucho que el local comercial que ocupaba su parte baja diera el aspecto de una tienda super moderna, las que trabajábamos allí sabíamos que mucho mobiliario de diseño y muchos leds ultra modernos en la tienda y tal, pero el almacén no se habían molestado nada en acondicionarlo. Las paredes estaban desconchadas y  apenas sujetaban las estanterías metálicas. El techo se caía de goteras viejas remendadas. Al fondo del todo había 3 cuartitos: uno a la derecha donde guardábamos el material y nos cambiábamos de ropa, un pequeño aseo con retrete en el centro que usábamos para el día a día, y una tercera puerta a la izquierda, siempre cerrada.

Detrás de esa puerta había otro aseo, que daba bastante asquito. En realidad yo sólo lo había visto una vez, al poco de empezar a trabajar allí, pero si ya entonces daba asco ¡No querría imaginarme como estaba ahora!

El caso es que olía cada vez peor. No a cañería, ni a cerrado, esos olores no habían traspasado la puerta hasta entonces. Olía a podredumbre, un olor intenso, que se te metía en la nariz y en el cerebro, que recordabas durante horas, hacía que se te quitase el hambre y se te encogiese el estómago. A ver si me explico, no era el olor nauseabundo de cuando hay un animalillo muerto por el monte, era como si cien mofetas en celo hubiesen muerto y hubiésemos concentrado su esencia en un frasquito. Era algo vivo pero que olía a muerto.

Se lo comenté un par de veces a mis compañeras, pero le quitaron importancia, estaban más ocupadas en otras cosas y no tenían ningún interés en mi hediondo aseo cerrado.

También es que soy cobarde, qué queréis que os diga, pero yo sola, por mucho que me molestase el olor, no iba a ir más allá. Tampoco era mi problema y a mi jefa parecía no molestarle, así que no era cuestión de darle el follón con el tema. Me costó más de un mes armarme de valor, y tampoco creo que fuese valor realmente, creo que me pudo la curiosidad.

Como nadie me hacía caso, y por no quedar en ridículo, escogí un momento en el que estaba sola en el almacén. Se suponía que tenía que inventariar unas cosas mientras mi compañera atendía en la tienda, así que estaría un rato sola. Total, si sólo iba a asomarme un poquito al aseo, a ver si veía algo raro…

Voy a intentar contároslo de la forma mas simple posible, para que parezca menos locura, aunque no sé si algo tan extraño puede contarse de manera simple. Lo primero que sentí al tocar el pomo de la puerta fue calor. Si, estábamos casi en Julio ya, pleno verano en la gran ciudad, pero el almacén no era especialmente caluroso. La manecilla metálica, de color bronce y llena de suciedad, estaba caliente. Un calor de cosas vivas, algo que nunca esperas encontrar en un objeto metálico, era como si alguien lo acabase de sostener con unas manos sudorosas.

Retiré la mano de la impresión, pero estaba decidida a abrir la puerta, así que desterré el tema de la manecilla caliente a una parte escondida de mi mente y me convencí a mí misma de que era normal (joder, ¿Cómo pude pensar eso?). Volví a cogerla bien fuerte, la giré del todo, sin encontrar ninguna resistencia y empujé la puerta. No hizo ruido, allí se quedó, abierta totalmente, aunque me pareció raro que no sonase un golpe al hacer tope con la pared de detrás (otro detalle para el saco de cosas a olvidar).

Detrás de la puerta no había nada. Sé que es difícil entenderme, pero necesito que hagáis un acto de fe. No había nada. O mejor dicho, había NADA. Siempre he imaginado el infinito, la nada, como simple oscuridad que no sabes donde acaba, algo que el ojo humano no va a llegar a distinguir jamás, pero que podríamos identificar con eso, con simple oscuridad. Pero no, mis incrédulos amigos, la nada es NADA. No es oscuridad, no es luz ni ausencia de ella. No es que se haya fundido la bombilla. Absorbe la luz que encuentra sin que esa luz la penetre. No emite frío ni calor, no emite sonidos, es como una barrera, pero una barrera que lo absorbe todo y lo hace desaparecer. Mi NADA sólo emitía una cosa: olor. Olor de pánico, de muerte, de total locura y de que todo importa una mierda y todo es importante a la vez. Olor de que no somos nada, de que nada existe.

La poca cordura que me quedaba hizo que buscase el interruptor de la luz involuntariamente, adelantando mi mano donde sabía que éste debía estar: justo al lado de la puerta abierta de par en par, pero por el lado interior del aseo. En el mismo momento en que mi mano traspasó el dintel de la puerta y se adentró en la nada, yo fui nada, y la puerta se cerró detrás de mí. Estaba dentro de la nada, estaba en ningún sitio. No sentí que caía, pero tampoco sentía un suelo bajo mis pies. Sentía que estiraban de cada poro de mi piel, y que algo intentaba comprimirme desde todas partes a la vez. Sentía calor que salía de mí y desaparecía, sentía dolor que no sabía de dónde venía, y sentía que mi cerebro ya no era mi cerebro y que no podía hilar dos pensamientos seguidos. Sólo sentía. Y el olor…creo que el olor venía de mí. El olor era yo. Sólo podía gritar, gritar como una histérica, hasta desgarrarme la garganta, gritar hasta que dejó de parecer un grito humano y se convirtió en un grito de pura locura.

No se muy bien si llegué a perder la conciencia de mi misma en algún momento, o si de alguna manera conseguí refugiarme en algún sitio, simplemente mi cordura se retiró a algún lugar escondido de mi mente. Sé que estoy aquí, dentro de una copia de mí que chilla. La oigo gritar todavía, aunque creo que debe haberse roto las cuerdas vocales hace tiempo, porque no suena muy bien. Sé que siente dolor, sé que siente miedo, sé que ya no parece muy humana. Alguna vez, no hace mucho (o si, no sé, vivo dentro de la NADA, el tiempo no es que importe), distinguí en la distancia los bordes luminosos de un rectángulo de luz que creo que debe ser la puerta cerrada que da a la existencia real. No creo que mi gritona exterior la haya visto, así que tendré que resignarme a permanecer aquí.

No importa mucho, de todas formas, no pasa nada.

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Daniel G. Domínguez, leyendo su relato en el Círculo Mundi Book

David volvía a casa tras una semana larga de trabajo. En lo único que pensaba era en volver con Laura, poder besarle, mirarle directamente a los ojos, decirle cuanto la quería, desnudarla poco a poco y hacerle el amor con tanta pasión que algún vecino se escandalizase al oírlo por el patio interior al que daba suapartamento. Su trabajo, su maldito trabajo, como él lo llamaba, le hacía pasar de vez en cuando semanas enteras fuera de su casa, viajando a otras Comunidades Autónomas. Pagaban bien al fin y al cabo, así que tenía que resignarse a esos viajes que a él le resultaban eternos…Esta vez consiguió terminar unas horas antes de lo previsto y así cambiar el billete de avión para volver a casa. Bendito puente aéreo, pensó…

Una vez en el Aeropuerto de Barajas, se limitó a buscar la máquina de ramos de flores que había visto a la ida, rosas rojas, las preferidas de ella, fueron la elección. Sacó su bolígrafo y escribió una pequeña dedicatoria…Fue en busca de un taxi mientras calculaba lo que tardaría en llegar a casa, veinte minutos aproximadamente si el ajetreado tráfico de Madrid no se lo impedía. Era perfecto, ella haría tan solo diez que habría llegado a casa de su trabajo.

Ya en la cola para coger su taxi, llamó por teléfono a Laura.

–       ¡Hola cariño!

–       Hola cariño, ¿Qué tal el día?

–       Uf, mejor ni contarte… Lo de siempre, clientes impacientes, cabreados, pidiendo descuentos cual mercadillo ambulante… ¡Que esto es la calle Goya por favor!

–       Jajajaja, imagino… Con lo fácil que es ir con una sonrisa y de buen rollo, nunca entenderán que así será mejor para todos…

–       Y que lo digas…

–       Lo siento cariño, te tengo que dejar, me toca ir embarcando y en un par de horas estoy contigo.

–       ¡Perfecto! Yo estoy recogiendo ya todo y voy para casa. Te espero allí¡Ven pronto!

–       Sacaré mi bolígrafo de tomar notas y amenazaré al piloto con él para que le pise a fondo…  ¡Te quiero!

–       Jajajaja, que tonto eres a veces… Yo también ¡Hasta ahora!

Todo iba según lo previsto, Laura no había sospechado ni lo mas mínimo que David llegaría antes para darle una sorpresa…

Llegó al portal número 13 de aquella calle, llevaban viviendo en esa casa unos nueve meses y todo marchaba como la seda. Había amor entre ellos, la ilusión estaba presente en cada tarea que emprendían juntos, una llama se encendía cada vez que sus miradas se encontraban, eran la pareja perfecta, tanto para ellos mismos como para cualquiera que los observara.

Subió las escaleras ya que no merecía la pena el ascensor, tan solo un tramo de escaleras y un par de pasillos le separaban de su casa, giró hacia la izquierda y a unos diez metros volvió a girar, esta vez hacia la derecha.Justo cuando dobló la esquina, algo le obligó a detenerse. Al fondo del pasillo se encontraba su destino, la puerta número 1. Sin embargo pudo observar una leve luz que salía de la puerta vecina a su casa, la cual se encontraba entreabierta. Había algo en todo aquello que no le encajaba. En aquel piso no vivía nadie, sabía que la propietarialo había puesto en alquiler, pero debido a que ella no se dignaba a bajar el precio, aun seguía inhabitado… Aun así aquello no era lo que no le encajaba. El ambiente estaba enrarecido, sintió como si la atmósfera de aquél pasillo fuera diferente, mas pesada…

Su primer instinto fue accionar el interruptor de la luz que se encontraba a su lado, sin resultado alguno. Al girarse hacia su espalda, pudo ver que si había luz detrás suya. Estupendo, se ha fundido… pensó.Sin saber realmente porqué, camino lentamente hacia su hogar, sin poder dejar de mirar la puertaentreabierta de su posible nuevo inquilino.

A mitad del camino un ruido le sobresaltó. Era leve, casi imperceptible, pero pudo saber de donde provenía. Del principio del dichoso pasillo.Volvió bruscamente su rostro hacia el sonido y tras un segundo pudo ver como, poco a poco, unos dedos sobrehumanos extremadamente largos, comenzaron a asomar aferrándose a la esquina. Algo tras aquella pared se agarraba lentamente a la pintura, clavando las uñas con fuerza, sin prisa alguna. Entonces asomó otra mano, y otra mas, y otra mas. Seis manos pudo llegar a contar mientras los largos brazos a los que pertenecían comenzaban a asomar, sin que el resto del cuerpo apareciera aun. David con pasos lentos y vacilantes retrocedía a lo que creía su salvación, su casa. No tuvo tiempo de percatarse de qué ocurrió realmente cuando algo le agarró. Antes de que pudiera volverse hacia la izquierda, unos brazos tan largos como los que pudo ver en aquella esquina le atraparon, surgiendo de la leve luz de la puerta vecina entreabierta arrastrándolo hacia su interior. La puerta cerró de un fuerte golpe.

Tres meses mas tarde, Ángela, la vecina de Laura y David llamó a su puerta.

–       ¿Qué tal estás? – El rostro demacrado de Laura denotaba largas noches sin dormir, sus ojos hinchados indicaban que sus lágrimas no hacía mucho que habían asomado recorriendo sus mejillas.

–       Lo llevo como puedo…

–       ¿Sin ninguna noticia?

–       Nada, su familia no sabe nada de él, la policía se ha dado por rendida… Lo único que se sabe es que cogió un taxi hacia este mismo portal, pero nunca llegó a cruzar la puerta…

–       Verás… No se como decirte esto, pero…

El silencio que se hizo presente en el umbral de su puerta se hizo eterno…

–       ¿Qué pasa?

–       He encontrado esto en mi piso, no sé cómo ha llegado hasta aquí, no sé cómo explicarlo, nadie tiene las llaves excepto yo, pero…

–       Que es lo que pasa ¡Dímelo ya! – la impaciencia debido a la falta de sueño, a la desesperación de no saber que es lo que podía haber pasado con David, invadía cada rincón de su cuerpo…

–       Verás… Este ramo de rosas estaba encima de la mesa del salón… – Dijo sin mas dilación, ya que no pudo ocurrírsele nada acertado en aquella situación para decir.

Laura tomó el ramo de flores y lentamente, temiéndose lo peor, cogió y leyó la dedicatoria escrita al parecer a toda prisa, como improvisada en un minuto:

“Te he echado muchísimo de menos cariño! He pensado mucho y… ¿Quieres casarte conmigo? – Siempre tuyo: David”

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Hola a todos. Desde El Círculo Literario Mundi Book y Mundi Book ediciones queremos agradeceros la asistencia a los cuentos de terror de ayer domingo. También queremos dar mil gracias a los autores, lectores y cuentacuentos que participaron en esta actividad y que tan geniales historias compartieron con nosotros.

A lo largo de esta semana iremos publicando aquí los relatos de los autores. Hoy os dejamos el primero: El Ingrediente, de Ion, que fue leído por José Paz.

Podéis leerlo en este pdf: El ingrediente-1

 

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Cuentos de terror

¡Hola amigos!

Desde el Círculo Literario Mundi Book queremos invitaros a nuestra próxima actividad. Tendrá lugar este domingo día 10 de junio a las 20h en el Espacio Niram (Calle Independencia 2, junto al metro Ópera).

En esta ocasión vamos a celebrar una sesión de cuentos de terror, donde tendremos lecturas de relatos de miedo, cuentacuentos de terror y hasta un número de improvisación. Participarán miembros del Círculo Mundi Book, de la Escuela de Cuentacuentos de Madrid y el actor Omar Galván. Estamos preparando esta actividad con mucha ilusión y nos gustaría contar c

on todos vosotros.

La asistencia al taller es totalmente GRATUITA, pero el la sala tiene un AFORO LIMITADO, por eso, para apuntarse a la misma, es necesario reservar plaza en el correo cova.gonzalezpola@mundibook.com

César González-Pola. Autorretrato

César González-Pola. Autorretrato

Os esperamos

a todos allí, ¡muchas gracias!

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